Hoy, sin querer, me di cuenta que es un día curioso para ti. A través de un contador que puse en el blog -y del que no sé si para cuando leas esta carta aún estará- me percaté que hoy, 17 de diciembre, tienes 1 año, 1 mes, 1 semana y 1 día de nacida.
Bueno, no es que sea una cosa trascendente, pero me pareció curiosa.
Esta última semana le diste por primera vez un beso a tu mamita. Siempre ella te decía "dame un beso" y te acercaba a su mejilla, y tú abrías la boca y le dabas el beso más húmedo y más cariñoso del mundo. Pero esta vez estiraste un poco los labios y le diste un besito que la emocionó y de paso me alegró, porque a pesar que fue "papá" tu primera palabra, y yo estaba feliz por eso, quería que hicieras alguna cosa nueva sólo para ella.
Pero no fue lo único con lo que nos sorprendiste estos últimos días. Al mismo tiempo que estás dando tus primeros pasos, te ha dado también por gatear. Y hace dos o tres días, cuando estabas jugando junto al comedor, en un ambiente que hemos acondicionado para ti con pisos de colores y juguetes, gateaste hasta una silla, te agarraste de ella (tu mamita se percató y agarró el respaldar para que no se te fuera encima), te arrodillaste y, mirando hacia arriba, te impulsaste y te paraste... ¡sola! ya antes lo habías hecho en la cama encaramándote en tu mamita o en mí, pero era la primera vez que lo hacías con un objeto en la sala.
Ya empezó, por tanto, nuestra etapa de cuidarte de todos los peligros. Hemos comenzado a tapar los tomacorrientes y a colocar temporalmente en las columnas que sobresalen de la pared los pisos de colores, que son blandos, para que si te golpeas contra ellas no te hagas daño. ¿Qué será de nosotros cuando empieces a caminar sola y a correr? no voy a poder acolchar el mundo entero, así que sólo me quedará rezar para que cada caída no te haga mucho daño y que te sirva para aprender cómo hacer las cosas mejor y cómo levantarte más rápido.
Hoy tus abuelitos Amanda y Manolo ya no están en la casa en la que vivimos desde hace muchos años. Se han mudado a otra zona, a un departamento, con miras a lo que se viene dentro de poco: tu tío Christian ya planea casarse con tu tía Tatiana, así que quedarán en casa sólo ellos y tu tío Roberto (que, a todo esto, bromea diciendo que dentro de algunos años le vas a presentar a tus amigas para ir a discotecas). Por tanto, la siguiente vez que los visitemos será en un ambiente totalmente nuevo, incluso para mí, que no conozco el lugar.
La de hoy será una carta chiquita. Por ahí me dijeron que es mejor escribir poquito frecuentemente que muy largo raramente, así que intentaré -de nuevo- contarte más cosas más seguido.
Sólo una nota chiquita para contarte que anoche ha sido la primera vez que has dormido casi de corrido durante toda la noche. Te quedaste dormida un poco después de las diez de la noche, te despertaste -como siempre- pasadas las doce y luego un rato después, y de allí... ¡no despertaste hasta casi las seis de la mañana! ha sido la primera vez en poco más de un año que tu mamita y yo hemos dormido casi cinco horas seguidas. ¿Seguirás así las noches siguientes? ojalá. Ya me ha pasado varias veces que me he quedado dormido en el sillón de la oficina mientras tenía los ojos fijos en la pantalla de la computadora, y no es algo que quisiera que se vuelva a repetir.
(Hay quien dice "¡oye, pero tú descansa, deja que de eso se encargue tu mujer, tú tienes que trabajar al día siguiente!". No estoy de acuerdo. Tu mamita también trabaja, igual o más arduamente que yo, para que estés tan sana como estás. Y tú también eres hija mía, eres mi responsabilidad y mi adoración junto con tu mamita, así que tengo el deber/derecho de compartir ese "trabajo").
Aprovecho para contarte otras cosas: has agarrado la costumbre de, cuando te tengo cargada, sacarme los anteojos. Como aún no mides tu fuerza y no quiero quedarme sin lentes, los tomo de tus manos y me los pongo sobre la cabeza. Y cuando me ves los lentes allí arriba, no sé por qué, te pones china de risa, me miras y dices "¡tatatata!". Y como yo no soy capaz de aguantarme cuando me haces así, te termino abrazando fuerte y besando en la frente o en la mejilla. Ya te lo dije antes, soy meloso, qué le voy a hacer.
Ahora que ya estás dando tus primeros pasos (¡qué rápido pasa el tiempo!), los estás dando con unos zapatos que te regaló tu abu Amanda. Tienes hasta ahora tres pares: uno azul oscuro, uno blanco y otro rosado opaco con beige, los tres de cuero. ¡Son muy bonitos! cuando los tienes puestos, se nota que sientes la diferencia entre ponerte de pie descalza (o con medias) y con zapatos. Cuando estás con estos últimos, se te ve más segura para desplazarte y hasta para bailar (porque ahora ya no sólo mueves los brazos, también flexionas las piernas rápidamente subiendo y bajando, como haciendo sentadillas). Quienes también sienten la diferencia son nuestras espaldas... la columna de mamita y mía por ratos ya no dan más. Pero cuando te vemos feliz poniéndote de pie mientras te agarras de mi camisa o de la blusa de tu mamita, el dolor se mitiga. Nos hace muy felices el verte crecer sana, fuerte y buena.
Te cuento también que tu abuelita Elba ya nos está pidiendo que te demos un hermanito. Nosotros estamos de acuerdo, pero todavía en algunos meses más: si vieras lo cansada que está tu mamita por estar pendiente de ti las 24 horas del día, estarías de acuerdo conmigo en darle un tiempo de respiro. Aunque debo decir que ella también está ansiosa porque tengamos otro niño o niña. Eso sí: tu abuelita Elba quiere que tengamos un niño; a tu mamita y a mi nos da igual, aunque tengo que confesar que a mi me gustaría que fuera una hermanita. No sé, tal vez quiero ser el "rey" de la casa. ¿Y qué nombre tendría? huy, empezamos el trámite de nuevo...
Este fin de semana termina octubre y unos amigos nos han avisado de una fiestita de Halloween para niños en un club cerca a donde vivíamos antes. Tu mamita está pensando en tu disfraz; el año pasado, aunque no te disfrazó por completo porque eras muy pequeñita, te puso unas antenitas y un delantal de abejita. Vamos a ver qué se le ocurre este año; conociéndola, tu disfraz será toda una sensación (algún día te contaré cuando hace tres o cuatro años me hizo disfrazarme de Julio César y ella fue de Cleopatra para una fiesta. Espero que NUNCA se repita). Ya te tomaré algunas fotos.
Qué difícil es mantener mi palabra. Siempre te digo que voy a escribirte más seguido y fallo. Espero que Dios permita que sólo te falle en esto, que al fin y al cabo es sólo un registro de las cosas que te van pasando y que voy escribiendo para que algún día sepas todo lo que pasó incluso un poco antes que nacieras (incluso antes que tu mamita te tuviera en la pancita). Para lo más importante, estar a tu lado siempre, ruego al Señor que me permita estar siempre a tu lado.
Parece que fuera ayer cuando tu mamita y yo supimos que venías, y hace un poco más de dos semanas celebramos un año de tenerte en nuestros brazos. Vemos ahora las fotos que son de hace apenas algunos meses y nos pareces tan cambiada, tan crecida... tu mamita ya me está diciendo que a veces te mira y te imagina ya más grande, sin poder cargarte, y le da un poco de pena. Yo le he dicho que sí, que tenemos que aprovechar ahora todo lo que podamos para tenerte en brazos y apapacharte, pero que luego se vienen más etapas, y que cada una tiene su propio encanto. Mira esta foto que tomé en la casa de tu bisabuelita Amanda, donde celebramos tu primer cumpleaños:
Perdóname que sea papá chocho, pero esta foto me encanta. Refleja todo el cariño que tu mamita y yo te tenemos, y lo contenta que estás. Ella y yo daremos nuestra vida para que tú seas feliz -y si Papá Dios lo permite, tu hermanito(a) también.
Anoche tuvimos un rato difícil. Te despertaste exactamente 3:55 de la madrugada (lo recuerdo porque antes de levantarme le eché una mirada a mi reloj) y te pusiste a llorar a gritos porque querías que te cargáramos. Mejor dicho, eso fue lo que creí. Tu mamita, que tiene más experiencia que yo con esto por estar permanentemente contigo, descubrió luego que había sido porque tenías frío. Te abrigó, te dio de lactar y después de un rato, te quedaste dormida nuevamente. Eso, claro, luego que yo había estado intentando hacerte dormir por 25 minutos, paseándome de un lado al otro del cuarto mientras llorabas y dormías por intervalos. Te adoramos, pero no sabes las ganas que tenemos que duermas de corrido pronto.
Ya está aumentando la temperatura, pero estos días Lima ha estado fría. Y ello trajo consecuencias: primero caíste tú resfriada (tu segundo resfrío) y luego yo. Tu mamita, aunque se estuvo sintiendo mal, manejó mejor que yo su ambiente y lo que tomaba (limonadas calientes, por ejemplo) y hasta ahora no se ha visto muy afectada. Ojalá que siga así.
Hace poco tuviste tu última cita con el doctor antes de cumplir tu primer año. No sé qué te ha pasado, pero últimamente, a pesar que llegas del mejor ánimo al consultorio, basta que tu mamita o yo intentemos ponerte en la balanza del doctor o en la mesa acolchada que tiene para examinarte para que no sólo estalles en llanto, sino que armes un escándalo capaz de atraer a la policía. Yo supongo que debes haber asociado el que te echemos allí con el pinchazo de las vacunas, pero en realidad no tengo certeza de eso. En medio de todo el alboroto que armaste, y a pesar que no dejabas de moverte para soltarte, el doctor logró tomarte algunas medidas (que tu mamita sospecha podrían ser erróneas, por la forma cómo tratabas de zafarte a gritos, manotazos y patadas de la mesa y de la cinta del doctor, que rodeaba tu cabeza). Bueno, digamos entonces que los resultados aproximados son que estás midiendo 81 cm y pesando 10.9 kilos.
Tengo que contarte también que has aprendido a bailar. Claro, aún sin caminar totalmente (porque a gatear no le quieres hacer mucho caso, pero te mueres de ganas de pararte y de mantenerte en pie, y ya estás dando tus primeros pasos ayudada por nosotros), pero tu mamita te ha enseñado a mover los brazos hacia arriba y hacia abajo, de forma intercalada. Imagínate la escena: estamos almorzando los tres y comienza un comercial de un programa que te gusta. Automáticamente, levantas el brazo derecho, lo bajas y levantas el izquierdo y así sucesivamente, mientras tu cabeza va hacia un lado y hacia el otro. ¡No sabes lo linda que se te ve! aún no he podido filmarte, pero espero hacerlo dentro de poco.
Hablando de programas que te gustan: en mi última carta te prometí contarte qué programas de televisión te gustan. Pensando en eso, decidí robarle algunas horas al trabajo y conseguir algunos videos para que los vieras. No son todos los programas que te gustan, pero sí los tres que más ves.
El primero, que te encanta (y que incluso a tu mamita y a mí nos gusta mucho, sobre todo por la adaptación de las piezas musicales) se llama Backyardigans. Trata de las aventuras imaginarias de un grupo de cinco niños (bueno, son animalitos pequeños, pero digamos que son niños) que se juntan a jugar el patio trasero de sus casas, que comparten un área común que es un gran jardín. Mientras están allí, se imaginan en un sinfín de situaciones, en los que son desde personajes mitológicos hasta extraterrestres. Mira, esta es la introducción del programa:
Otro programa que te gusta mucho se llama Lazy Town. Es la historia de un pueblito en que todos eran -justamente- ociosos, hasta la llegada de una niña y del superhéroe de la historia, que se llama Sportacus. Mira, encontré justamente el primer capítulo para ponerlo en tu carta. Perdona que casi al final aparezcan unas letras con un nombre medio raro, pero fue añadido por la persona que originalmente subió los videos a internet.
No pude aguantarme y subí esta canción, que a tu mamita y a mí, por ver el programa contigo, se nos pegó por su ritmo pegajoso. Se llama "Somos piratas".
Finalmente, otro programa que te llama la atención es Hi5. Es un programa de juegos y estimulación conducido por un grupo de cinco chicos que cuando cantan y bailan provocan que no puedas dejar de verlos. Aquí una de sus canciones, "Cinco Sentidos".
Quedan varios que también te han llamado la atención, pero dejemos por ahora a estos tres, que son los principales para ti (en realidad, ya no sólo para ti, porque si antes tu mamita y yo veíamos sobre todo noticieros, ahora hasta sabemos de memoria el horario de Backyardigans y comentamos lo que pasó en tal o cual capítulo. Así nos cambiaste la vida).
Estamos a punto de terminar octubre, y luego de ello sólo faltará un tris para terminar el año. El 2010 es un año que tiene muchos proyectos para nosotros, pero dependerá finalmente de lo que Papá Dios piense que es lo mejor para nuestra familia. En Él hemos puesto nuestras tres vidas, así que veremos qué es lo que dispone.
Que este segundo año, mi vida, sea mejor que el anterior. Que crezcas sana, fuerte, buena y feliz. Te queremos muchísimo.
Poco a poco te vas soltando y tu vocabulario y tus gestos van aumentando. Tanto así que hay días en que llego tarde a la oficina porque simplemente no puedo terminar de despedirme de ti. ¿Cómo así? pues en la mañana, luego de ducharme y cambiarme, me despido de tu mamita y de ti, en un orden que casi nunca cambia: a tu mamita le doy un beso, le digo que nos vemos más tarde, me acerco a ti, te doy un beso en la frente y te digo "chao, mi amor". Cuando me voy alejando, extiendo una mano hacia ti y te hago el gesto de despedida. A veces sólo te me quedas mirando, pero la mayoría de ocasiones sonríes, extiendes la mano y la mueves de un lado a otro, despidiéndote también. Ahora ya estoy forzándome a salir, pero hasta hace poco no me aguantaba, regresaba a ti, te cargaba, te daba otro beso y te volvía a dejar en tu cama. Y me despedía de nuevo... y a veces la escena se repetía. ¡Cuántas veces eso ha significado llegar media hora tarde a trabajar! sin embargo, el recuerdo de tu carita con una sonrisa dibujada en ella mientras me haces adiós compensa cualquier problema que hubiera podido haber luego.
Estos días han pasado cosas muy curiosas. Ayer, por ejemplo, cuando estábamos terminando el día y luego de bañarte y ponerte pijama, tu mamita se sentó en la cama y te puso en su regazo para que lactaras y durmieras (y para que luego ella misma pudiera comer y ducharse), pero luego de dos minutos aparentemente decidiste que ya era suficiente y te incorporaste. Tu mamita y yo nos fastidiamos un poco -hay que confesarlo- porque cuando te duermes ambos podemos dedicarnos a poner las cosas de la casa en orden, y mientras estás despierta sólo uno de los dos puede ocuparse de los quehaceres. En fin, te decía que te sentaste. Luego me miraste y sonreíste. Tu mamita te dijo "Alessia, ¿no vas a tomar más leche, no?" y yo, con mi cara seria, te miré y te dije con voz firme: "Alessia, toma tu leche".
Volviste a sonreir sin mirar a tu mamita, que había quedado detrás tuyo luego de bajarte de la almohada que estaba sobre sus piernas, y entonces lo lanzaste:
- Eche.
Tu mamita abrió más los ojos, levantando las cejas y tapándose la boca para que no se le notara la risa, pues se suponía que nos estábamos poniendo serios y tú habías decidido decir "leche" en tu media lengua pequeñita. Yo miré a tu mamita, aguantándome las ganas de reír, y luego volví a mirarte.
- Alessia, tu leche. - Eche. - ¿No vas a tomar tu leche, amor? - Eche.
¿Qué íbamos a poder aguantarnos? tu mamita te abrazó desde atrás, yo dije "¡bravo! sí, 'leche'". "¿Qué vamos a poder enojarnos con ella?" me preguntó tu mamita. Yo me limité a asentir con la cabeza sonriendo contento y con ganas que ya hables más.
Algo parecido pasó hace pocos días pero para lo cual no tenemos ninguna explicación, pues no te habíamos enseñado nada al respecto. Como para cuando leas esto no vas a recordar nada de donde estamos viviendo, debo decirte que en nuestro cuarto hay una cómoda que a un extremo tiene la televisión y al otro un florero que tiene al pie tres cosas: la primera es un marco de madera con plata, muy chiquito y muy bonito, que tiene una foto tuya de cuando tenías unos cuatro o cinco meses. Las otras dos son "fotos" más grandes: una contiene a la Sagrada Familia y la otra a José con Jesús cuando niño. Siempre, por algún motivo, estas tres cosas te han llamado la atención.
Pero fue en una ocasión en la que te tenía cargada que sucedió una cosa que se ha repetido unas cuantas veces y que no deja de sorprenderme. Mientras estábamos al lado de la cómoda, extendiste la mano hacia el florero y el grupo de imágenes, como queriendo cogerlas. Te acerqué un poco más hacia ellas, y viendo cómo les prestabas atención, señalé la imagen de José y Jesús y te pregunté:
- ¿Quién es?
Sin mirarme, y sin despegar la vista del cuadro, respondiste:
- Chús. - (¡¿QUÉ?!) ¿Quién? - Chús.
Tu mamita, que estaba con nosotros en el cuarto, se acercó y te abrazamos, entre sorprendidos y alegres. Llamamos por teléfono a las dos abuelas para contarles, y ambas se pusieron felices. Luego, y como era obvio, tu mamita y yo conversamos del tema. Ninguno de los dos recuerda haberte dicho algo al respecto o haberte enseñado alguna imagen diciéndote a quién representaba. Como te dije alguna vez, sé que tengo memoria de hormiga y la razón me dice que en algún momento debo haberlo hecho (o tu mamita). No por eso deja de entuasiasmarnos. Por algún motivo, y no creo que sea sólo por la felicidad de ser tus papás, tu mamita y yo estamos convencidos que tú tienes algo muy importante por hacer aquí. ¿Qué cosa, referido a qué? sólo Papá Dios, que te cuida y te quiere mucho más que nosotros incluso, lo sabe.
No fue un hecho aislado, a pesar de todo. La escena se repitió en casa de mis papás, tus abuelitos Amanda y Manolo. Estábamos en su cuarto, en donde hay un cuadro del Corazón de Jesús, que también te llama la atención cada vez que vamos. En esa ocasión, te tenía cargada tu abuelita, e igual estiraste la mano hacia la imagen. Tu abuelita te acercó y te preguntó lo mismo.
- Alessia, ¿quién es? - Chús.
"¡Sí, dice 'Jesús'!" dijo tu abuelita. No volviste a decirlo esa noche, a pesar de todo lo que te repreguntaron (supongo que debes haber estado pensando "¿qué pasa? ¿no hablo claro? ¡ya les dije!"). Desde entonces, han sido contadas las veces en que lo has vuelto a decir, aunque te siguen llamando la atención las "fotos" y el cuadro en la casa de tus "abus".
Ah, hijita linda... tu papá no puede escribirte muy seguido, pero cuando lo hace se entusiasma. Yo quería contarte, además de estas dos cosas, qué programas en la televisión te gustan, y también sobre las pequeñas cancioncitas que mamita compuso para hacerte reír en determinados momentos. El problema es que mis manos, una vez que empiezan a escribirte, toman vida propia y no me hacen caso cuando les pido resumir. Te prometo entonces contarte todo lo anterior en mi siguiente carta.
No quiero dejar pasar tanto tiempo como antes, así que -robándole unos minutos a la oficina- voy a aprovechar para contarte que el martes y miércoles que pasé contigo en casa gracias a las fiestas patrias me sorprendiste de nuevo: has empezado a reconocer los colores por su nombre.
Puedo decir, orgullosamente, que tengo mi parte de crédito de ello. Estuve utilizando desde hace varios meses un juguete tuyo con forma de xilófono pero que en vez de un palito para tocar consta de ruedas dentadas de colores que al girar hacen sonar las láminas de metal. Míralo, está en la foto que aparece aquí al lado. Entonces, cada vez que jugaba contigo, te señalaba las ruedas una por una y te decía "¡Alessia, los colores! mira: lila, rojo, naranja, amarillo, azul" y tú mirabas el xilófono y me mirabas a mí, subiendo y bajando esos ojos inmensos y escuchándome atentamente. Nunca me respondiste ni me diste nada a entender, hasta que por supuesto, entró a tallar tu mamita.
Ella ya me había visto enseñándote los colores, así que -inspirada seguramente por todos los libros sobre estimulación temprana que está leyendo- decidió concentrarse en dos: el rojo y el azul, los dos colores que más te llaman la atención. Así, el 28 de julio, mientras yo estaba en otro lado de la casa (en la cocina creo, que me toca cuando estoy con ustedes) tu mamita me llama y me dice "Gianmarco, ven, mira". Cuando llego, tu mamita te dice "Alessia, señálame el azul. ¿Cuál es el azul?". Mientras hablaba, fijaste tu mirada en tu mamita y luego, lentamente, pusiste tu manecita sobre la rueda azul. No lo podía creer; miré a tu mamita con incredulidad. "Nooo... a ver, otra vez". "A ver Ale, otra vez para papito. ¿Cuál es el azul? ¿el azul?" y nuevamente señalaste la ruedita. Sobra decir que estallamos en bravos y aplausos, y como siempre, no me pude aguantar y te cargué y te estampé un beso en el cachete. ¡Qué orgullo! ¿Será normal que a tus casi 10 meses hagas eso? no lo sé. Lo que sí sé es que soy yo el que va a empezar a usar baberos por tu causa.
La de hoy es sólo una nota corta. Me quedo con ganas de escribirte y de contarte acerca de lo que te gusta ver por televisión, pero eso ya será en la siguiente carta porque estoy saliendo a almorzar contigo y con tu mamita. Es mi respiro del día y lo que me da fuerzas para continuar.
Finalmente, me he obligado a escribirte y dejar a un lado las cosas de la oficina luego de ver un video que hace tiempo me envió un amigo. Se llama "canción de cuna" y es justamente eso. No pude evitar entonces dejar lo que estaba haciendo aquí en la oficina y ponerme a escribirte un rato, pidiéndote otra vez, como ya lo hice en algunas otras cartas, perdón por no haber escrito desde hace semanas. Estaba pensando si no sería mejor empezar a hacerte notas cortas en vez de las cartas largas que te escribo. No lo sé, será cuestión de pensarlo. Tal vez pueda hacer una mixtura de ambas cosas, ya veremos.
Comenzaré enseñándote el video del que te hablo líneas más arriba; ojalá te guste. Creo que resume muy bien lo que un papá recién estrenado siente y tiene en la cabeza.
Bueno, bueno. Para cuando leas esto, seguramente estarás pensando "qué pegajoso era mi papá". Sí, qué le voy a hacer. Te adoro y adoro a tu mamita; me es inevitable.
Desde inicios de junio, que fue la última vez que te escribí (¡qué barbaridad!) han pasado varias cosas. En ese momento olvidé contarte, por ejemplo, que estuviste enferma el primer cumpleaños que tu mamá pasaba contigo en brazos. Un resfriado muy fuerte hacía que no te pararan de salir moquitos por la nariz, y tu mamita tenía el corazón en un hilo porque cada vez que quería sacártelos, llorabas de tal manera que parecía que te estuvieran matando. Algún día te contaremos los malabares que hacíamos para poder sacártelos sin que los vecinos pensaran que estábamos matándote.
Afortunadamente, no dices ya sólo "papá", sino también "mamá". Y no sabes cómo se enternece tu mamita cada vez que te escucha decirlo. Sin embargo, siempre hay un pero: por algún motivo (tal vez porque te es más fácil decirlo) dices "papá" con cierta constancia, pero "mamá" sólo cuando estás enojada o llorando porque algo te incomoda. Hace unos días tu mamita te dejó en el cuarto unos segundos porque necesitaba ir a buscar algo para ti, y luego de salir escuchó claramente cómo la llamabas con un tono de exigencia increíble: "¡¡¡MAMÁ!!!". Bien lo dijo tu tía Charo, hermana de tu abuelo Javier: tú no pides, demandas.
El tanto enseñarte a contar (incluso desde la barriga) ha rendido sus frutos. Desde pocos días luego de nacer, siempre hice lo mismo: me ponía frente a ti con los dos puños cerrados y los dedos en dirección tuya, y empezaba: "A ver Ale, ¿te acuerdas de los números? uno (levantaba el pulgar de la mano derecha), dos (el índice), tres, cuatro, cinco..." y siempre me miras y te ríes cuando llego a diez, que es donde me detengo. Hace unas semanas, lo hice como siempre: "¡Alessia, los números! uno..." te me quedaste mirando, y cuando estaba empezando a levantar el índice derecho, dijiste "dos... tes". Me quedé asombrado, mirándote primero a ti y luego a tu mamita. "¡Muy bien, Alessia!". Me quedé feliz. Aún no pasa lo mismo con las vocales, pero cuando llego a la U siempre te ríes. Creo que te parece chistoso su sonido. Y aunque no digas nada, no importa. Basta que te rías al final para que lo haga de nuevo.
Ese avance está muy ligado a tus mejoras en la vocalización. A mediados de mayo nos sorprendiste cuando de pronto nos soltaste "atatatatata" seguido de la risa tan linda que tienes. Ahora es inevitable decirte también "¡Alessia! atatatata..." para que lo repitas. Lo más reciente en cuanto a este tema se ha dado hace pocos días, cuando luego de ver algunos DVDs de estimulación temprana que tenemos en la casa, empezaras a hacer sonidos con la lengua (y hablando de lengua, ahora que me acuerdo, todos nos reímos cada vez que por algún motivo decides poner la lengua entre los labios y hacer "prrrrrt". ¡Parece que le estuvieras sacando la lengua a alguien! y no ha sido pocas veces con que ha coincidido con la pregunta de alguien: "Alessia ¿quieres ir a tal sitio?". Miras con tus ojazos, sacas la lengua, la presionas entre los labios, y "¡¡¡PRRRRT!!!"). Creo que tengo algún video grabado con el celular en el que apareces aquí. Voy a ver más tarde si lo encuentro.
Como te pareces mucho a tu mamita, siempre la fastidio diciéndole que has sacado casi todo de ella (y le digo que, orgullosamente, tu nuca es mía). Y ahora más aún, cuando no sólo has aprendido a sonreir cada vez que alguien te enfoca con una cámara, sino que ha pasado que cuando has estado llorando por algun motivo y alguien te quiere filmar o tomar una foto, inmediatamente paras de llorar, miras a la cámara y se escucha tu "jijiji". Así como con tu mamá, parece que nadie nunca logrará verte mal.
Para terminar este pequeño resumen de lo que ha estado pasando (sólo lo más resaltante, porque han habido varias cosas más, pero no quiero aburrirte escribiéndote sobre cada detalle) te diré que hay un jueguito que te encanta: el "¿dónde está?". Consiste en cubrirte la cara con un paño o una "babita" (la tela que nos ponemos en el hombro para cargarte) y decirte "¿dónde está Alessia? ¿dónde está?". Inmediatamente te sacas el pañito y te carcajeas como sólo tú sabes hacerlo. Luego vienen las variaciones, claro: "¿dónde está papá?" y "¿dónde está mamá?" que terminan cuando retiras el paño de nuestra cara, e igual te ríes, como sorprendiéndonos mientras estábamos escondidos. Después, invariablemente, terminamos abrazándote y besándote a dos cachetes. No se necesita mucho para ser feliz contigo, ¿sabías?.
Algo un poco más actual: has pegado un pequeño estirón, y ahora estás midiendo 77 cm y pesas 10.2 kilos. Dentro de pocos días cumplirás ya 10 meses, y en unas semanas más cumplirás tu primer año con nosotros, el año más feliz que hayamos podido tener en nuestras vidas tu mamita y yo.
A veces ambos nos sentamos a conversar y compartimos nuestro nerviosismo por todo lo que se viene, por cómo queremos educarte, cómo queremos enseñarte a protegerte y a enfrentar a este mundo. Nos contamos qué nos gustaría enseñarte, cómo quisiéramos que te educaras, cómo queremos que te relaciones con ambas familias, qué valores queremos enseñarte. Y hay tanto que nos gustaría que aprendieras y que vivieras que no sé si te alcanzaría la vida para que lo hagas. Pero así somos los papás, soñadores con todo lo que algún día sus hijos harán. Sin embargo, será finalmente Papá Dios quien te llevará por el mejor camino, quien elegirá qué experiencias deberás tener para que puedas ser mejor persona y en quien finalmente confiaremos para que seas feliz, porque aunque nosotros te queramos como un millón, Él te ama como cientos de miles de millones. Y me quedo corto.
Acaba de terminar mayo y yo mismo pensé que tendría tiempo de sobra para escribirte, porque salí de vacaciones (¡las primeras en catorce años!). Sin embargo, los hechos me han demostrado que el estar en casa y compartir los quehaceres y el atenderte con tu mamita no son un trabajo fácil.
Da la impresión que estas últimas semanas hubieras decidido apurarte en aprender. Hace unos días nos diste una gran sorpresa cuando, estando echada boca arriba, tomaste impulso y quedaste boca abajo. Ya hace algún tiempo te habíamos estado colocando en esa posición para que te ejercites, pero era la primera vez que lo hacías por cuenta propia. Ahora, cada vez que te quedas dormida en la cama de mamita y mía, estás rodeada por el doble de almohadas. Y digo el doble porque ya antes estabas rodeada por un grupo, hasta que tu mamita un día entró al cuarto, vió que te habías despertado y que sostenías una parte de la almohada por encima tuyo mientras te reías. Además de todo, saliste hecha una fortachona.
Has aprendido también a pedir que te den leche sin llorar (lo que no implica que no llores en otras ocasiones). Un día tu mamita estaba echada junto contigo en la cama y tú la estabas mirando. Extendiste una mano, como quien va a acariciarla, y tocaste su pecho. No sé si será instinto o qué (a veces los papás no sabemos mucho de esto) pero tu mamita supo que querías comer y te dio de lactar. Ahora el evento se repite cada vez que tienes hambre y ambas están en la cama. Sólo te falta hacer señas...
Pero a falta de señas, tenemos la música. Hemos descubierto que influye mucho en ti. Tal vez sea porque desde que estabas en la pancita de tu mamá ella se quedaba dormida mientras sobre su barriga se abrían enormemente unos auriculares por los que intentábamos que escuches a Mozart, Chopin y algunos otros más, y cuando ella estuvo yendo a la psicoprofilaxis de parto (¿te acuerdas de esa palabra rara?) le enseñaron algunas canciones para que te las cantara.
Pero comenzaré contándote que contigo continúa una tradición musical que ha pasado de generación en generación en la familia de tu mamita. Se trata de una canción que tu mamita te canta, que fue cantada primero por la Mamina (tu bisabuelita, abuelita de tu mamá) a sus hijas; luego tu abuelita Elba se la cantó a tu mamita y ahora ella te canta a ti. Cuando te echa en su regazo y comienza a entonarla, te la quedas mirando con tus inmensos ojos marrones, como escuchando muy atentamente la letra, e invariablemente te ríes cuando termina. Se llama Muñequita Linda.
Muñequita linda
de cabellos de oro
de dientes de perla
labios de rubí
Dime si me quieres
como yo te quiero
dime si me adoras
como yo a ti
A veces escucho
un eco divino
que envuelto en la brisa
parece decir
"Yo te quiero mucho
mucho, mucho, mucho
tanto como entonces
siempre hasta morir"
¿La recordarás dentro de algunos años? ojalá que sí. Se crea un ambiente de una bonita intimidad entre tu mamita y tú cuando te la canta, y quiera Papá Dios que ello se conserve a lo largo del tiempo.
Hace poco tu mamita consiguió un libro que se llama Música y Canciones para Estimular al Bebé desde la Gestación hasta los Dos Años (sí, un nombre larguísimo) de una señora que se llama Maribel Flores. El libro vino con un disco con varias canciones, pero hay dos que te gustan muchísimo. La primera se llama Escucha mi voz y aunque fue escrita para ser cantada mientras el bebé está todavía en la pancita de mamá, te gusta tanto que cuando escuchas las primeras notas una gran sonrisa se te dibuja en la cara y comienzas a carcajearte. No es para menos, la canción es preciosa, más aún cuando tu mamita te toma en brazos y te la canta.
Escucha mi voz, bebé
escucha mi voz, bebé
yo soy tu mamá
yo soy tu mamá
Oyes mi corazón
oyes mi corazón
oye también mi canción
oye también mi canción
Canto y canto por ti
ya te imagino aquí
puedo sentirte dentro
y tú me sientes a mí
La segunda está orientada a preparar a los niños para la llegada de un hermanito, y aunque no recuerdo su nombre original ahora, la llamaremos Hola, hermanitos.
Hola hermanitos
yo soy el bebé
y estoy muy contento porque...
Contigo jugaré
y tú me enseñarás
las cosas que hay en el mundo
juntos
Y yo tu amigo seré
y junto a ti creceré
y seré muy feliz
y seré muy feliz
Saldremos a pasear
jugaremos pelota
y algunas travesuras
qué divertido va a ser
Hola, hermanitos
yo soy el bebé
y quiero decirles que...
los quiero mucho
Tu pobre mamita a veces no se acuerda cómo es la canción original porque tiene en la mente mi propia versión, haciendo la voz del niño. Sólo imagínate la escena y entenderás por qué (cuando leas esto, por favor no me vayas a pedir que lo repita).
Mayo fue un hermoso mes, y han pasado tantas cosas contigo, que tuve que pedirle a tu mamita ayuda para listar todo en un papel y escribirlo hoy. Pero tu papá sigue teniendo memoria de hormiga y dejó la lista en la sala, así que ya te contaré más la semana que viene.