viernes, 8 de agosto de 2008

¡Eres una niña!

Mi hija linda,

He querido escribirte hace ya varias semanas, pero no he sabido darme el tiempo necesario para hacerlo. Esta tarde de viernes sí, aprovechando un poco de tiempo libre en la oficina. Me moría ya de ganas de escribir esta carta, porque muchas cosas han pasado con relación a ti. Entre ellas, dos muy importantes.

La primera es que a fines de febrero tu mamá y yo nos enteramos que venías en camino. Fue una emoción indescriptible, una mezcla de alegría, temor, esperanza y agradecimiento. Y nos enteramos de la manera más curiosa: fuimos al médico porque tu mamá se sentía enferma; pensaba que había comido algo que le había caído mal pues se sentía con mareos y vómitos (otro día te contaré de lo duro que fue para tu mamá esta etapa). Luego de ir a la clínica y pasar un examen, nos dieron la gran noticia.

Empezamos entonces a ir a los controles mensuales en esa misma clínica, en la que dos veces hicieron a tu mamá una ecografía, pero en ninguna de esas ocasiones me pudieron dar una grabación de lo que vimos. Eso fue lo que finalmente hizo que decidiéramos irnos de allí; fue demasiado para mi el ver tus imágenes pateando dentro del vientre de tu mamá y levantando el brazo abriendo y cerrando la mano, como si nos saludaras, para que al final nos dijeran que no había sido posible registrar el video. Se suponía incluso que en la segunda ecografía, en la que tenías ya casi cinco meses, podríamos saber si eras niño o niña. El encargado de la ecografía no fue capaz de decírnoslo.

Luego de pasar esta rabieta (tu mamá te contará luego cómo me puse), una amiga mía me recomendó una clínica de la que ya me habían hablado antes y a la doctora que la había atendido. Le hice caso, y cuando fuimos a que controlaran tu desarrollo, la doctora utilizó un ecógrafo pequeño y nos dijo que probablemente eras una niña. Esto fue lo segundo más increíble que vivimos.

¡Una niña! no puedes ni imaginarte lo que esa noticia era para nosotros. Por mi lado, tu abuelita Amanda tiene tres hijos hombres (tus tíos y yo) y siempre quiso tener una hija. Papá Dios decidió que no fuera así, por lo que ella fue la única mujer de la casa durante muchos años. Lo mismo pasó con tu abuelito Manolo, que también quiso siempre tener una hijita. ¡No sólo eras la primera nieta, sino también la primera mujer después de la abuelita Amanda!

Algo parecido se dio en la casa de tu abuelita Elba. Ella tiene una sola hija, tu mamá, y también eres su primera nieta. Pero lo aún más especial viene de parte de tu bisabuelita Carmen, la mamá de la abuelita Elba, pues no sólo eres la hija de su querida nieta Katia, sino también su primera bisnieta luego de tus primos José Antonio y Rafael.

Pero volvamos a la clínica. Para despejar las dudas, la doctora mandó a tu mamá a hacerse una ecografía "oficial", es decir, una en un aparato más grande y completo, y realizada por un especialista. Pensamos que nos darían cita para otro día, pero tu mamá y yo nos miramos la cara con sorpresa y alegría cuando nos dijeron que el examen podría ser en ese mismo momento, si nos apurábamos (eran casi las ocho y el consultorio de ecografía cerraba a esa hora). Fuimos corriendo -literalmente-, llegamos a tiempo y fue allí donde nos confirmaron la gran noticia: ¡efectivamente, eras una niña!. Llamamos por teléfono a ambas abuelitas: no puedes imaginarte el llanto de emoción y alegría de ambas al darles la noticia. Tu mamá conversó con tu abuelita Elba y yo conversé con la abuelita Amanda. Recuerdo que entre lágrimas ella le dijo a tu mamá, cuando le pasé el teléfono: "¡gracias por darme la hija que nunca tuve!".

Lo segundo mejor para mi de esa noche fue que esta vez sí me dieron un video con tu imagen registrada, tal como yo quería. Lo único malo fue que no tenía audio, pero no me importó: ya te veía, podía casi acariciarte tocando la pantalla, viendo cómo te movías y cómo te chupabas el dedo dentro del vientre de tu mamá. Nunca había manejado el programa de edición de videos que tenía en la computadora de la oficina, pero de algún modo logré manejarlo de forma muy rudimentaria unos días después, una tarde en que me propuse de una vez por todas hacer lo que había proyectado: Le puse algunas canciones que había escuchado y me habían gustado mucho (la primera es la banda sonora de una película, y cuando la escuché supe que sería para mi hija, aunque aún no eras ni un proyecto), la subtitulé y la subí a YouTube. Este fue el resultado:



Perdóname que el título del video diga simplemente "Guevara Mendieta" pero aún hoy, casi dos meses luego de enterarnos que eras una niña, no podemos decidirnos por el nombre. Quiero contarte acerca de todos los nombres que ambas familias han pensado para ti, pero eso ya será en una siguiente carta... tu mamá me espera.
Te quiero mucho, hijita de mi corazón.

Tu papá.

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